Alana.
Después de acostar a las niñas, me refugio en la cocina. No quise preguntar nada sobre Beatrice; el miedo que vi en los ojos de Vivian es suficiente respuesta por ahora. Necesito relajarme, soltar la tensión que se me ha quedado pegada a los hombros como una segunda piel, así que me preparo un té mientras espero que el calor me devuelva la calma.
Tomo un sorbo, hasta escuchar el estruendo de la puerta principal. Christopher llego. Y por el sonido de sus pasos, no viene precisamente de bu