Alana.Una vez más, estoy aquí. Reconozco estas paredes, este olor a licor y tabaco que ya ni me da miedo: me da arcadas. Trago saliva y avanzo. Existen destinos peores que la muerte, y detenerme seria uno de esos.Llego a la puerta; esa condenada que solo se abre desde fuera llena de clavos y astillas. Tiemblo, la abro despacio. Bajo de puntillas y enciendo la bombilla que titila justo para mostrar el armario.Sin pensarlo me abalanzo de inmediato hacia él hasta oír el llanto incesante desde dentro. Mi corazón se acelera porque está ahí, Dios mío, está ahí.—¡Alexandra! —llamo desesperada, mientras siento el pecho oprimido al escuchar su llanto—. ¡Alex cariño! Estoy aquí, resiste.Comienzo a arrullar, empujar, patear lo que sea para poder sacarla de ahí hasta que siento que la puerta empieza a ceder; finalmente logro abrir la puerta y ahí está ella: un ovillo de terror con un vestido rosa sucio. La tomo en mis brazos, sintiendo su cuerpecito temblar contra mi pecho. Es tan frágil, pe
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