Alana.
—Tómate tu tiempo, querida. Llámame si necesitas algo.
Con eso, Marie cierra la puerta, dejándome sola. La habitación es bonita, no puedo negarlo; es incluso más grande que el anexo donde vivo. Pero se siente lúgubre. Todo está impecable. Se nota que limpian a menudo, pero es desconcertante; parece una habitación donde no ha vivido nadie en mucho tiempo.
Camino hacia el ventanal y observo el jardín. Todo está tan perfectamente podado y estructurado que me asfixia. No hay rastro de desord