Alana.
Observo mi reflejo distorsionado en el té mientras Marie toma asiento al otro lado del mesón. El contrato yace a un lado, pero no podría importarme menos. Christopher abandonó la escena hace unos minutos; se encerró en su estudio con un gesto de pesadez, como si la sola presencia de otras personas en su sala lo hubiera dejado exhausto.
Marie guarda silencio. La oigo tomar un sorbo de su té y soltar una respiración profunda. Siento sus ojos fijos en mí, cargados de una gratitud que me des