Al llegar a la casa de playa, contactar a Reynolds no fue lo primero que hizo Leonardo. En realidad, priorizó los antojos de su pelirroja hasta quedar los dos felizmente exhaustos, enredados el uno con el otro en las costosas sábanas de la cama king size. Mucho, mucho después de eso, cuando fue a la cocina por un vaso de agua mientras Alessa dormía, llamó a Reynolds por teléfono.
—Entonces, ¿cuál es tu reporte? —cuestionó, dejando a un lado los saludos y protocolos.
Se escuchó un susurro apagad