Fue un ligero descuido esa madrugada hace ya un tiempo, cuando Leonardo la reclamó en ese lujoso sofá rococó, cegado por los celos que despertó Le Roux con esa llamada telefónica inesperada. En efecto, Alessa recurrió a Carla con sus sospechas posteriores, porque su cerebro acelerado continuó calculando fechas, ciclos, probabilidades... Alessa cayó en la manía. Carla le recordó que era demasiado pronto para sacar conclusiones.
—¡Tampoco exageres, loca! Tómalo con calma —le había dicho Carla, sa