—Ya sabes, princesa. Si necesitas cualquier cosa, lo que sea, avísame. Por favor. Habla conmigo sin vergüenza. —Chasqueó la lengua, poniéndose descuidadamente la camisa sin abotonar. Los músculos de su pecho en perfecta exhibición—. Te doy permiso para mandarme el recado con Reynolds.
Ella frunció los labios, divertida.
Era muy temprano todavía. Las cuatro de la mañana. Sin embargo, Leonardo tenía que regresar a su habitación dos pisos más arriba y cumplir con su trabajo lo antes posible.
Ahora