Expectante, observó a Leonardo descender de su Lamborghini rojo, mirándola bajo sus gafas de sol de diseñador. Le aventó las llaves del auto a uno de los muchachos del parking. Aquel pelirrojo hizo malabares con las llaves mientras el imponente señor Gold se dirigió hacia ella con pasos firmes y autoritarios. Cabello corto, rebelde en el punto exacto, negro como la noche, con algunos mechones en la frente. Traje negro satinado, camisa color rojo profundo ligeramente desabrochada y pantalones a