—Entonces, ¿cómo la vida de casada?
Alessa suspiró con fuerza, verificando que Leonardo estaba muy ocupada en la cocina.
—Funcionó tu consejo.
Carla soltó un chillido y la pelirroja casi se arrancó los auriculares de las orejas.
—¡Lo sabía! Leonardo Gold debía tener sus secretitos bien guardados.
—Pues sí, tenías toda la razón.
...
Con el transcuro de la práctica, los juegos comenzaron a volverse mucho más interesantes.
Leonardo esa noche regresaba al penthouse del edificio de Industrias Gold d