Con mucha tranquilidad, la joven Sinclair se encontraba en la cocina degustando unas uvas ese viernes por la mañana. Estaba tomando una pausa del trabajo, por orden de su jefe-esposo.
Se chupaba un dedo cuando sintió unas manos familiares agarrar su coleta desordenada y unos labios fríos besar su oreja.
—Buenos días —ronroneó ella suspirando.
—¿Buenos? Qué va, podrían ser mejores. —La voz de Leonardo se oía de recién despertado, ronca, muy sexy; pero olía a colonia y se sentía frío, de seguro l