¿Fue Sophia o fue su querida esposa quien experimentó las dichosas fantasías a puerta cerrada en la oficina?
La pregunta era fácil, con una respuesta también fácil, porque a Leonardo le pareció que Alessa tenía muy claras imágenes de las actividades sexuales que podrían practicar entre esas cuatro paredes.
—Entonces, dime, eh —insistió él, presionando un puño sobre la madera del escritorio, mientras la observaba atentamente, porque no era idiota ni tampoco había nacido ayer como para fingir que