Cuando Alessa ocupó una silla, tuvo que morderse la lengua para no decirle a Sophia que se fuera al carajo. ¿Por qué tenía que mirarla de esa forma? ¿Cuál era su jodido problema? La pelirroja chasqueó la lengua y cruzó los brazos.
—Guau —susurró la mujer rubia, lo suficientemente bajo para que Alessa no oyera, pero lo suficientemente alto para que Leonardo sí la escuchara.
Él le lanzó una mirada de advertencia.
—Bien. Empecemos con algo sencillo. ¿Quién de las dos golpeó a quién? —preguntó muy