Estábamos de vuelta en su casa cuando el doctor me informó a través del enlace mental que Fátima se había desmayado en el hospital pero había rechazado atención médica. Tranquilicé su mente diciéndole que iría a verla, lo cual ahora me servía como coartada perfecta.
—¿Conseguiste lo que buscabas?
—Qué va... es como si me hubieran deseado y ¡zas!, aparecí en la puerta de mis padres. Una bebé lista para que la adoptaran.
—¿Y eso qué tiene de malo? ¿Para qué andar removiendo un pasado que se quiere