Punto de Vista de Carla
No se me ocurría nada peor que asistir a una fiesta de la manada ese día, aunque la asistencia había sido declarada obligatoria para cada miembro.
Había estado evitando arreglarme, buscando cualquier excusa para no hacerlo: hasta revisar el correo me parecía una tarea más urgente.
Llegué tarde, lo que tal vez fue un error, porque la música del Salón de la Manada se escuchaba desde antes de cerrar la puerta de mi casa, mezclada con las risas de los miembros celebrando el a