Necesitaba enmendar mi error antes de que fuese demasiado tarde y la perdiera para siempre.
—Quédate aquí. —el tío Orfeo apuntó agresivamente mi rostro, su expresión se retorcía por la ira.
—Ni loco.
—Ya has hecho suficiente daño, no te quiero cerca de mi hija.
—No, ella es mi compañera y ese es mi bebé. —gruñí.
—Exactamente, por eso caerás directamente en su trampa. —asintió mamá, moviendo sus manos para recoger a la tía Rosa del suelo y sostenerla a su lado.
—¿Trampa? ¿Qué trampa? —la voz de J