—Las dejo. —se levantó, sacando la silla y volviéndola a meter debajo de la mesa justo cuando María se acercaba, mirándolo con suspicacia.
—Cuídate —ofreció, asintiendo mientras se marchaba.
—Igualmente —le respondí mientras se alejaba, poco después María sacó la silla y se sentó.
—¿Quién era ese? —se giró para verlo salir de la estación de servicio de vuelta al aparcamiento.
—Alguien que conocía a mi padre. No importa. —negué con la cabeza, intentando concentrarme en por qué estaba allí.
—Enton