Punto de vista de Clío
—Ah, ¿sí? Entonces explícame, ¿por qué hueles a mi hermano? —espetó, olfateando de nuevo el pliegue de mi cuello.
Mi cuerpo entró en modo pánico, sintiendo una repentina amenaza cerca que necesitaba evitar. Javier no era una amenaza, pero que descubriera la verdad sí lo era.
—¿Qué? No, no es cierto. —di un paso lateral, alejándome de él, intentando reírme de su acusación, haciéndole creer que le estaba ladrando al árbol equivocado.
—Sí que lo haces. De hecho, apestas a él.