—Así que sabías que Jorge había vuelto, ¿no? —la voz de papá sonaba diferente, con un tono más severo, algo que no estaba acostumbrada a recibir.
—Yo... no, no lo vi.
—Qué bien, esperaba que nos lo hubieras contado. Sobre todo, porque nosotros también hemos estado muy preocupados por su seguridad.
Esa sensación de culpa, pegajosa y caliente, empezó a subir por mi columna vertebral. Sentí que las mejillas me ardían bajo su mirada escrutadora.
Odié mentir, nunca mentía.
Pero últimamente parecía qu