Punto de Vista de Elena
—Tomás... Tomás... ¿qué estás haciendo? Detente... —Mis manos se movían demasiado lento para salvar mis recuerdos de infancia, aquellos tesoros que guardé de la casa de mis padres, de los años en que amaba a Tomás.
Él seguía destrozando caja tras caja, arrojando al suelo contenidos que no lograba recoger a tiempo. Mi loba, aún débil, pugnaba por manifestarse para advertirme del peligro.
"¿Por qué tanta rabia de repente?" Me preguntaba.
El sonido sordo de mi viejo diario n