Era un entrenador de Alfas, no de perros.
—¿Dónde está Josi? —le preguntó Héctor a su primogénito, Javier.
—No lo sé, todavía en el hospital.
—Mejor que no esté ahí, le dije que volviera ya —respondió, y su aura espesa se desató en la habitación, mientras su habitual compostura se resquebrajaba. Era obvio que la hija le causaba más estrés que los varones. Y con la desaparición de Jorge y el problema subyacente de Javier... eso realmente decía algo.
—¡Héctor! —Carla alcanzó su brazo para calmarlo