Al entrar, Héctor nos esperaba en el pasillo. Cuando me dirigía a las escaleras, me pidió que también entrara en la oficina.
Ambos Alfas estaban sentados detrás de sus escritorios, emanando esa intensa aura de poder. Alfa Carla posó la mirada en su hijo antes de fijarla en mí. Sus ojos se ensancharon al ver el desastre que había hecho de mi zona costal.
—Necesitas ir al hospital. —insistió ella.
—No es nada, puedo curarme yo mismo, Alfa.
Esa no era la primera vez, aunque ellos no lo supieran.
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