Miré mi vaso. La soda no me satisfacía como los chupitos, pero le había prometido a Javier que cuidaría de su chica y las demás. No podía hacerlo bien borracho.
Ya sentía cómo el efecto del alcohol se disipaba en mi sangre. No tardaría en estar sobrio para llevarlas de vuelta a la Manada del Fantasma Oscuro.
—Le prometí a Javier que cuidaría de ustedes.
—¿Por qué? ¿Dónde está Javier?
—Se fue con Jorge.
—¿Se han ido? —Se giró hacia la puerta con tal brusquedad que casi se cayó del taburete. Mi ma