A la mañana siguiente, Alfa Caleb llamó a la joven loba Astrid, quien acudió inmediatamente a su alcoba.
- Alfa ¿Me llamó? … ¡¡OH, por la diosa!!
La joven entró a los aposentos totalmente destruidos, como si un huracán hubiese destruido cada centímetro de aquel lugar.
- Alfa, ¿está usted bien? ¿Que ocurrió aquí?
- Astrid sufrí un atentado, un terrible atentado.
- Pero Alfa… debió usted llamar… ¿Qué clase de atentado?
- Hierba de lobo.
- Oh por la diosa… y la loba… no estará diseminada en med