- Beta Emir ¿Puede limpiar las manos de Alfa Caleb con esta solución?
Astrid le entregó una botella con un líquido, junto con un paño limpio a Emir, que los recibió, aun anonadado. La joven loba molió un par de hierbas en su mortero, para luego depositarlas sobre las palmas del Alfa. Mientras vendaba sus manos, Alfa Caleb rompió el silencio.
- ¿Cómo sabes todo esto? - preguntó. La joven loba sonrió ante la pregunta.
- Sabes, no siempre fui una esclava, Alfa - luego hizo una pausa para inhalar -