Astrid continuó acompañando a Namar, durante todo ese día, Emir le ayudó, buscando agua y en lo que fuese necesario. La joven loba buscaba instancias para abordarlo, pero Emir no daba lugar a pláticas extendidas.
Cuando cayó la noche, Astrid se encontraba arreglando las mantas de Namar, la joven loba de fuego ya se había quedado dormida. Emir entró a la tienda.
- ¿Cómo se encuentra? - preguntó el joven lobo
- Es fuerte. Su sistema aun no ha eliminado el acónito, pero estará bien. La herida ya