Mundo ficciónIniciar sesiónLiuggi se fue acercando con pasos lentos a la mujer, sin contener las lágrimas surgidas de sus ojos, levantó la mano y con el dorso, acarició con suavidad una de sus mejillas.
—No mi ángel, no pudiste haberte olvidado de tu hija y de mí, jamás harías eso —enfatizó sin poder creerlo.
—Ya se lo acaban de explicar señor Lombardi —comenzó a pronunciar la mujer, mirándolo con intensidad—. Siento mucho su pérdida, pero no soy Lisbani, mientras antes lo







