Mundo ficciónIniciar sesiónLisbani esperaba en la ante sala del consultorio médico con muchos nervios, sus manos le sudaban, el corazón le palpitaba aceleradamente y su respiración aumentó a más de veinte por minutos, como si estuviese corriendo un maratón. Secó las manos en el pantalón, mientras rogaba al cielo en silencio, porque todo estuviera bien.
Quizás lo que había hecho, no fue del todo honesto, pero era su última esperanza, tal vez era una egoísta y si Liuggi lo supiera la odiaría, ahora







