La mente de Douglas de repente fue un caos.
Se había imaginado de todo menos esta sorpresa, y muchas emociones colisionaban en su pecho.
Sobre todo, esa chispa de felicidad al pensar en dos hermosas bebés de Lilianne y suyas.
—¿Encontraste algún registro de que ella fuese al ginecólogo en Australia?
Le preguntó a Hermes, quien negó.
—Busqué enseguida la información, pero, como ocurría con todos los registros de Lilianne, aparecían datos demasiado confusos y manipulados…
—Por supuesto. Ya v