Lily bajó de aquel taxi con mariposas revoloteándole en el estómago, como una tonta.Ni siquiera sentía el cansancio del vuelo y, a medida que avanzaba hacia el imponente portón eléctrico de acero, más nerviosa se ponía.Sus pasos se volvían ágiles sin que ella siquiera se diera cuenta. Quería verlo, quería besarlo, darle la buena noticia, que le hiciera el amor y le dijera que Karla se marcharía enseguida de sus vidas, que todo había sido un malentendido.Sin embargo, al llegar al control de acceso, ni siquiera la dejaron pasar.—¡Le he dicho que soy la señora Calder! Llame de inmediato a mi esposo, Douglas. Él se lo confirmará.Lilianne ya estaba alzando la voz.De pie frente a la entrada como una tonta, mientras el guardia, detrás del grueso cristal, la miraba como si estuviera loca.—Lo lamento... señora Calder... —dijo con un retintín burlón—, pero si no está en la lista, no puedo dejarla pasar. Y ahora mismo el señor Calder está muy ocupado en una fiesta... con su verdadera pro
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