—¿Qué rayos haces aquí, Douglas? —le preguntó entre dientes, mirando a su alrededor con dudas.
—¿Me estabas espiando?
—No, vine a ayudarte a decirle a ese idiota que ya tienes esposo…
Lilianne lo vio recostarse en el asiento con tranquilidad, con esa actitud de macho que sabía lo bueno que estaba.
Una vena alterada le latió en la sien.
—Márchate de aquí o no respondo. Te voy a demandar por acosador. Tú y yo ya no somos nada…
—¿Señor Calder?
La voz interrogante de Oliver acercándose, detuvo sus