No era un restaurante de alta gama.
Parecía más bien ese sitio íntimo al que ibas porque no querías llamar mucho la atención.
Douglas la vio bajarse ayudada por el tal Oliver y, Dios… estaba hermosa.
Llevaba un vestido sexy que se le subía por los muslos.
El escote era discreto, pero sus pechos habían crecido más allá de sus recuerdos.
La espalda quedaba despejada y el cabello le caía de esa forma sensual que provocaba tomarlo en un puño para dominarla mientras se la mamaba…
—¿Qué rayos estoy p