Douglas le respondió secamente antes de marcharse.
Una sonrisa fría apareció en los labios de Lily mientras las lágrimas caían sin cesar, mojando sus mejillas.
—Es la última orden que me das. Esta vez no me quedaré como una sumisa esperando en tu cama.
Douglas estaba muy seguro de su amor incondicional.
Era tan arrogante que no se daba cuenta… de que ya la había perdido.
Pero ahora Lilianne se enfrentaba a un problema serio.
¿Cómo salir por la puerta como si nada cuando era obvio que los guarda