En las penumbras de la habitación de Douglas, Lily miró de nuevo sus cosas y aspiró el aire impregnado de su perfume.
—Te libero de tu promesa, Dougie —murmuró, usando aquel diminutivo cariñoso de cuando eran niños.
—Nunca quise ser un peso para ti.
Con un nudo en la garganta y los ojos empañados de lágrimas, Lilianne sacó una pequeña nota de su bolso y la dejó cerca de la lamparita de noche.
Se quitó el anillo de bodas y lo dejó también encima del papel.
Alguien podía verlos y esconderlos.
Qui