Aquel monstruo cogió mis brazos subiendolos encima de mi cabeza, atándome las muñecas a aquella cadena que bajaron del techo. Quise quitarme aquella bola de mi boca, para poder gritar o pedir que alguien me ayudara, pero me fue imposible.
—-- Señores, aquí tienen una nueva señorita, que hará las delicias de sus sueños más perversos, ¿quién será el primero? —- pregunto.
Ofrecieron mucho dinero, pero nada era suficiente para este hombre, dio un tirón al sujetador dejandome con los pechos desnudos