XXIII
—Me quedaré acá si así lo prefieres. Dime ¿Cómo se me ve? Las hadas la hicieron para mí.
Nina al parecer se refería a la corona de flores que tenía en su frente y que le rodeaba la cabeza. Kei la miró y solo en ese instante no le pareció tan atemorizante. Además su voz, era cálida, como un arrullo.
—Te ves preciosa —respondió a penas en un hilo de voz—. Creo que es hora, sabes por qué estoy acá. —Intentó decir Kei muy serio, pero aún aterrado.
—Claro que lo sé Kei. Contigo, la promesa se