XXIV
El hospital era alegría. Jasha había despertado de repente y más tardó en abrir los ojos que en preguntar por Kei Kanzaki. El padre tuvo que decirle la verdad y se turbó. Con una fuerza sobre humana se desconectó todo lo que tenía encima y salió del cuarto tumbando a todos a su paso, se necesitaron de al menos cinco enfermeros para poder calmarlo. Verlo era conmovedor. Gritaba y lloraba el nombre del muchacho del Japón como si el hacerlo más fuerte lo trajera de vuelta. Ekaterina lloró al