Al llegar a la mansión, Aleksi bajó de la limusina y dio órdenes precisas al chofer y a uno de sus guardias para que llevaran todas las compras directamente a la habitación. Kattleya, que observaba desde un rincón, no pudo evitar notar la gran cantidad de paquetes y bolsas que su amo había adquirido. Estaba convencida de que todo aquello era para esa mujer que ella ya detestaba con todas sus fuerzas.
Se acercó a él, intentando iniciar una conversación, pero Aleksi alzó una mano para detenerla.