Capítulo 54. Parte 4
Diego:
Comienzo a manejar por las transitadas calles. Me paro en un semáforo cuando creo divisar a Ambra sentada en una vereda, sin creer verla con una botella en la mano. Ella está irreconocible, totalmente sucia y descuidada, lo que me hace recordar su belleza descomunal y la elegancia que le caracterizaba.
—¿No es Ambra? —me señala Antonella.
—Es ella... —digo cabizbajo, queriendo que las cosas fueran diferentes, que nuestra separación se diera con más armonía y no ver a la mujer que tanto a