Capítulo 37. Parte 3
Antonella:
Al llegar a casa de Enzo, me cuesta un mundo dejar partir a Diego, pero soy razonable y sé que tiene que velar por su hijo.
—¿Quién dijo cansancio? —pregunto a viva voz mientras acomodo mi cabeza en la almohada, y los ojos me pesan y el cuerpo también.
Bostezo una y otra vez intentando no pensar en Ambra y en los mechones de mi cabello que quedaron en sus hermosas manos.
«Porque ella todo lo tiene lindo».
En fin, decido pensar en algo que me hace bien, y a la mente se me viene Diego