Capítulo 34. Parte 2
Antonella:
—Buenas tardes —saluda una chica en la entrada del restaurante, mientras me mentalizo en disfrutar del momento y, por un instante, olvidar que estuve atada de por vida a un hombre que no logré amar jamás y que me hirió a niveles insospechados.
Caminamos hacia el interior del restaurante, siguiendo a la chica que nos ha recibido en la entrada, en busca de la mesa que hemos reservado. Con la caballerosidad que lo caracteriza, Diego corre mi silla para que me siente, y luego hace lo mis