Capítulo 13. Parte 3
Diego:
—Tienes razón, Marcus... la maestra es preciosa... —comento, visualizando el rubor del rostro de Antonella ascendiendo lentamente.
Ella se encoge de hombros y sonríe con timidez, mientras sus ojos bailan de un lado a otro, y yo me maravillo con esos sencillos gestos. Sé que estoy faltando a mi palabra, que habíamos quedado en que nuestra relación sería de maestra a padre, sin embargo, solo Dios es testigo de lo mucho que me cuesta.
«Antonella es frescura, es luz, es respiro...»
Miro a Ma