Sin vuelta atrás (1era. Parte)
El mismo día
Málaga
Ramiro
Andrés se veía como un minino acobardado ante las amenazas de Camila; se encogía en la esquina de la sala como si cualquier ruido fuera a devorarlo. Pero yo ya había barajado dos soluciones: cortar el mal de raíz —eliminar a Iván— o aplicarle un escarmiento a mi cuñado Héctor para frenar las amenazas de Camila. Al verlo temblar, su indecisión me confirmó que no me acompañaría. No tardó en soltar su opinión, la voz débil como un hilo.
—Ya, Ramiro, veo por qué papá nunc