Lo que dicta el corazón (2da. Parte)
El mismo día
Ibiza, España
Iván
Estar libre me hizo comprender algo más doloroso que cualquier prisión: no tenía derecho a presentarme frente a Camila después de estos meses, no cuando la había empujado a olvidarme. Y, aun así, moría por verla, por escuchar su voz, por sentir esa mezcla de jazmín y lavanda que la acompañaba siempre. Respiré hondo, intentando calmar el temblor de mis manos, y le respondí a Lucas, tratando de mantener la sensatez.
—Lucas —dije, la voz tensa, casi un susurro—, por