La caja de Pandora (2da. Parte)
Málaga
El mismo día
Ramiro
Sabía que no podía permanecer de brazos cruzados ante la desaparición del bastardo de Iván; por encima de todo debía primar la frialdad y la sensatez, para no echarme la soga al cuello en mi afán de asegurar mis espaldas. Juliana me había planteado dos alternativas —tal vez atinadas, tal vez peligrosas— y era hora de decidir. Mi voz cortó el aire con la calma de quien maneja el hilo del que cuelgan otros.
—Juliana, hazlo: manda a vigilar a Camila para saber si sigue v