Nunca imaginé que la felicidad pudiera sentirse tan ajena. La galería Rivington está impecable con el brillo del piso de mármol blanco, el olor tenue del vino recién servido, las luces perfectamente dirigidas hacia cada lienzo, los arreglos florales en tonos color crema y verde que Mindy eligió con precisión quirúrgica. Todo es tal como lo soñé. Todo, menos yo.
Estoy de pie junto a la entrada principal, observando cómo el personal da los últimos toques antes de que los invitados empiecen a lleg