Han pasado un par de semanas. Dos semanas que, aunque objetivamente cortas, se sienten como meses condensados. Mi vida se ha convertido en una lista de pendientes, de pinceles, marcos, correos y plazos que parecen multiplicarse. He dormido poco y comido menos, pero cada vez que entro a ese pequeño estudio que ahora llamo “mi espacio de trabajo”, siento que, de algún modo, estoy en el camino correcto.
La inauguración de la exposición en la galería Rivington está a solo un día, y todavía me cuest