- Honestamente, esperaba que fueras un poco más fácil.
- ¿Que te engañara?
- Entregarte a mí... Cuerpo... Y alma. - Se rió libertinamente.
Tragué saliva y me senté en el sofá blanco y brillante, sin una mancha ni rastro de suciedad.
- ¿Qué fue de Zeus? - Maíra regresó del piso de abajo, que estaba oculto al mundo exterior. Llevaba al niño en brazos.
- ¿Zeus? - La miré, confuso.
- Mi hijo.
- ¿Zeus? ¡Es sólo un niño! ¿Cómo has podido hacerle esto? - pregunté, incrédula.
¿Quién se atrevía a llamar