En cuanto Theo y yo llegamos a casa de Ben y Anon, las niñas vinieron corriendo hacia nosotros. Theo abrazó a Kimberly y yo a Monique. Solté la correa de Pussycat y lo solté en el patio para que pudiera corretear.
- ¿Habéis traído regalos? - preguntó Kim.
- Qué vergüenza, princesa. - Ben escondió la cara - ¿Qué he dicho de pedir regalos?
- Que sólo podemos pedírselos a Ben y a Anon. - Moni reprendió la actitud de su hermana, dándole la respuesta.
- Pero si trajimos regalos - le dije. - Todo el