Lo peor es que Hubert quería acostarse conmigo. No lo culpo tampoco. ¿Se imaginan a un hombre teniendo a su lado a la mujer más hermosa del mundo, ataviada siempre en minifaldas, vestidos estrechos, cortos y escotados, minúsculos shorts y jean y leggins súper pegaditos? Hubert no era de fierro obviamente. Él me deseaba y quería llevarme a la cama. Hubert soñaba, además, conmigo siempre, me veía en sus pensamientos desnuda, entregada, haciendo el amor con vehemencia. lujuria y desenfrenmo, apo