Llegaron muchísimos periodistas a mi casa queriendo saber de mi drama de haber perdido a mi marido. Yo era una celebridad, la mujer más hermosa del mundo, como decían los diarios, los canales de televisión y los portales de internet. Ellos querían saber de mis padecimientos y sufrimientos, pero no los atendí y los dejé montando guardia, aguardándome estoicamente, frente a mi puerta.
Yo me refugié en mi casa junto a mi amiga Pamela, mi custodia personal. Por suerte teníamos todo. Carne, p